Patronato Carmen Conde - Antonio Oliver

Antonio Oliver - Selección de poemas



- LA AMADA Y EL MAR (El alma arrebatada, 1931-1933)


El Poniente disparaba soles y más soles, y ella atesoraba múltiples círculos amarillos, azules y verdes que se le posaban en la cabeza, en los hombros, en las manos. Pero donde más la herían era en los ojos.
Ni un barco, ni la más delgada línea de tierra enfrente de nosotros. Sólo las gaviotas acompañándonos toda la travesía, geometrizando el aire con sus vuelos. Y el sol, siempre el sol, que al caer ahora sobre el agua, al hundirse en inminente ahogo crepuscular nos lanzaba insistente aquellos círculos extraños, aquellas urgentísimas demandas coloreadas. Al principio ella dio su rostro a la ametralladora luminosa del crepúsculo como ofreciéndole batalla en el campo inmenso y azulado del mar. Luego, los soles chicos que procedían del sol grande y eterno se hicieron tantos y tan raudos que la perseguida bajó los párpados y se cobijó en mí.
Cuando volvió a abrirlos dentro de mi abrazo ya no quedaban soles diminutos en la tarde. Ningún oro en el mar. Todo era sombra húmeda y extensa. Las gaviotas se habían perdido y las únicas luces del cielo eran los ojos de la despierta y la telegrafía temblorosa de las estrellas.
También la mar, oscura y clara, se me entregaba ardientemente.
Cuando vuestra amada os quiera, incluidle en vuestro amor el mar. Así, si ella os quiere a vosotros y al mar es que su espíritu puede sumar un amor delimitado a otro casi infinito. Y ya sabemos que lo que decimos casi infinito es ya infinito para nosotros, que, por otra parte, no somos más que una suma de infinito y de tierra.

 

 
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