Antonio Oliver - Selección de poemas
- BALCÓN (Prosas varias, 1923-1932)
El eucaliptos, desde el reposo de mi cuarto, parecía más tierno, más sensible. El viento duro de la costa lo azotaba con furia. Y yo sentía romperme, desgajarme lo hondo.
Pero llegaron inesperados pajarillos. Se posaron contentos en la ramita alta. Y me volvió la tranquilidad.
Los cristales, empañados todavía de la noche, me negaban su transparencia. Entonces, yo trazaba tu nombre sobre ellos, y a través de las letras, quiero decir, de ti, iba viendo el paisaje.
El huerto de naranjos. Las laderas de almendros. El molino con sol.
Noviembre. Ya maduraban los racimos. Mozalbetes de los alrededores atraídos por la dorada tentación. Piedras que derramaban dátiles. Al crepúsculo, me exaltaba la fiebre sus hazañas. ¡Con qué prisa tan joven, con qué sana impaciencia se adelantaban al invierno! Lo abarrotaban todo -gorras, pañuelos, blusas- de luz serena y alta, de luz cuajada del estío, que en la rápida huida -corrían las sombras tras de ellos- se derramaba por los campos.